lunes, 18 de agosto de 2014

Cuatro mujeres petareñas

Venezuela parece estar confundida. La cotidianidad a la que aspira la población se desvanece ante la ineficiencia de sus gobernantes y eso le agobia. Se lucha, cada día, por encontrar lo que en circunstancias normales, debería abundar. Se lucha por encontrar comida, medicinas y gente con optimismo.
El día viernes quince de agosto llegué a Caracas buscando conocer una realidad distante de la mía, y, sin ánimos de menospreciar las dificultades que sufren día a día los petareños, me di cuenta que no era tan distante. En los barrios de Petare tampoco hay comida o medicinas (a menos al precio legal), los servicios básicos tampoco satisfacen y la inseguridad tampoco les deja dormir tranquilos. Sin embargo, Petare se me presento, llena de gente con optimismo.

Betty Díaz es una mujer con una personalidad arrolladora y mucho entusiasmo. Está orgullosa de su trabajo, que consiste en llenar de optimismo a todos los que viven a su alrededor. Betty es una mujer de ojos brillantes y coqueta, de verbo fácil y con chispa, gusta de compartir sus vivencias y su conocimiento, dudo que alguna vez se vea cansada, y parece de aquellas que, si se lo propone, toma el poder de lo que sea que se le atraviese. Asumió el papel de líder social de su comunidad así como una madre asume la crianza de un hijo. Betty cría, a través de su trabajo, a todos los que viven en el barrio Unión y junto a varios de ellos logró un ambulatorio, un centro de cuidado diario, un bulevar y una gran cantidad de personas que ahora se sienten capaces de hacerse escuchar.

Chuchú en cambio es más tímida, habla bajito y prefiere públicos pequeños. Sonríe poco y tiene los ojos cansados. Prefiere quedarse junto a una pared, que impide que la rodeen, y espera que otros le pregunten para contar que gracias a su perseverancia, cientos de jóvenes petareños tienen un espacio maravilloso para desarrollar sus destrezas deportivas. Unos estudiantes, como estos que la escuchaban asombrados, le concedieron el proyecto. Ella contando y nosotros con piel de gallina. El afán de Chuchú por que el terreno baldío cerca de su casa fuera aprovechado la hizo trabajar sin descanso y hasta ir presa, pero no se detuvo hasta conseguir que el Alcalde Carlos Ocariz culminara las obras del Gimnasio vertical El Dorado, una joya según los arquitectos, pero además para cualquier persona capaz de apreciar lo apreciable. Chuchú dice que esto aleja a muchos muchachos de la criminalidad y yo le creo. Si Chuchú pudo hacer un milagro, ellos pueden ser parte de él.

Carmen es una señora de carácter fuerte. A diferencia de Chuchú y Betty, su impulso a trabajar parece más el rencor hacia autoridades anteriores incompetentes, que el amor hacia unos hijos extendido a todo el barrio. Arruga la cara porque el sol es inclemente y esto la hace lucir más enojada, pero su historia es la de haber logrado un espacio, que aunque parece muy pequeño, significa mucho. Desde las altas ventanas que se encaraman en los cerros todos nos miran, parece que no acostumbran recibir visita, pero nadie pregunta mientras Carmen habla. En la zona 6 del barrio José Felix Ribas los niños tienen donde jugar pelota, los muchachos tienen por donde pasear y todas las casas cambiaron un basurero por un lindo camino. Trabajaron por ello y lograron construirlo olvidando las separaciones que genera la política. Aquí todos ganan. Hasta Carmen, que gana un poco de alivio.

Lo que viene me da pena contarlo, porque en la zona 2 del mismo barrio conocimos a una señora cuyo nombre olvidé, pero no su trabajo. Tampoco el calor y el alivio que nos brindó en un cafecito. A la escuela organizada por los vecinos de la zona 2, subimos caminando; lo que incrementó el nerviosismo en una maracucha presa de la impotencia que causa la inseguridad. Sin embargo lo menos que uno quiere parecer es una turista asustada y con el cansancio se olvida todo. Y luego con la lluvia. Se olvida todo menos que esta señora recuperó una casa que había sido sido comunitaria y dejado de serlo por cinco años, para transformarla en la cuna de peluqueros, chefs, reposteros y manicuristas del barrio. Todo ello en la planta baja, pues la planta alta sirve como prescolar a cuarenta y ocho niños que estoy segura entran cada mañana felices, pues cuentan con un espacio digno y logrado con el más grande cariño.

 Lo que conocí en Petare me lo traje a mi casa. Todos sufrimos la ineficiencia de los gobernantes, que genera una realidad social conjunta, pero no todos reaccionamos igual ante ella. Hay quien se va, hay quien se queda, hay quien no puede elegir. Hay quien trabaja y quien no trabaja. Hay quien prefiere sonreír. En Petare prevalece la sonrisa de la gente emprendedora, y quizás esto se extienda a todos los barrios de Caracas y de Venezuela.

Para despedirme alguien de la ciudad me dijo que no me llevara la imagen falsa de un Petare que recibe cordialmente. Yo lamento que haya tanta gente, que sin la oportunidad de visitar Petare como lo visité yo, crea que me llevo una imagen falsa.

domingo, 13 de julio de 2014

Propuestas para Venezuela a partir de "la múltiple transformación del Estado latinoamericano" de Portantiero

Venezuela fue pionera en cuanto a democracia latinoamericana se refiere. Mientras el resto de la región se encontraba dominado por dictaduras militares, Venezuela firmaba un pacto social desde el cual se construiría una democracia firme y atractiva, logrando empoderar al ciudadano común y desarrollar al país apoyándose en la riqueza petrolera. En aquel momento, se contaba con todos los recursos para convertir la política nacional en un territorio donde la ciudadanía y los valores democráticos fueran el primer rasgo característico.
Sin embargo, actualmente, Venezuela posee una de las democracias más cuestionadas de América Latina. Llamándola democracia aun, en respeto de aquellos que no se atreven a considerar el modelo venezolano como un renovado, reconstruido y reconceptualizado modelo autocrático de gobierno. Venezuela no sólo se encuentra inmersa en una crisis de gobernabilidad latente, si no que además es acosada por una crisis económica que corresponde con la crisis del Estado de bienestar que para Portantiero fue acabado a través de las políticas neoliberales de los 70; pero que en el caso venezolano, nunca llegaron a aplicarse de manera permanente y definitiva. Este país, aun sumergido en la crisis, no hizo otra cosa que profundizar el modelo que para muchos (no para Portantiero), era el culpable del estado crítico; el modelo populista y rentista venezolano.
Para Portantiero, en su texto “La múltiple transformación del estado latinoamericano”, la crisis del estado de bienestar (que para Latinoamérica es la crisis de populismo, una degeneración personalista y “electoralista” de este) es solucionable desde una concepción distinta a la neoliberal, que aplica una comprensión netamente simplista de los hechos al afirmar que con el simple recorte del gasto público, la economía vuelve a su cauce y equilibrio. Para él, los Estados no sólo tienen el deber de solventar las deudas económicas adquiridas nacional e internacionalmente, deben encontrar además la manera de solventar la deuda social que dejan en sus países por medio de las promesas populistas.
Portantiero propone una solución holística a la crisis, que no encierre sólo la perspectiva economicista que se ha venido aplicando y que no ha llenado las expectativas. El estado debe procurar una transformación de su estructura, que permita la reinvención del modelo actual. Con ello, es necesaria una transformación en cuatro aspectos fundamentales; el administrativo, el económico, el social y el institucional. Es decir, es necesaria una revisión completa de los diferentes aspectos del Estado, siendo a consideración personal la institucionalidad el más importante, pues de allí se partiría para dar base a todo el resto. Portantiero habla además de revisar el presidencialismo, como un modelo falto de transparencia y representatividad, que turba considerablemente el equilibrio de poder.
Las propuestas que se hacen como vía de escape a la crisis que vive Venezuela actualmente parte desde la perspectiva de Portantiero, en miras a cuidar como él lo hace, los aspectos sociales tanto como se cuidan los aspectos económicos; pues la solución del uno sin el otro no acabaría eficazmente con la crisis. Entonces se propone:
1- Crear un ambiente de confianza económica a través de la liberación progresiva de las tasas cambiarias y consecutivamente el control de cambio; de manera que los agentes económicos, hoy en día tan dependientes de las divisas, puedan desarrollar una infraestructura productiva favorable para el país.
2- Ello, por supuesto, conjuntamente con la reducción de las restricciones impuestas al mercado, mediante la ley de costos y precios justo, ley de
arrendamiento, entre otras acciones que no han hecho más que mermar la inversión privada y acentuar la crisis fiscal; transformándolas hacia políticas más flexibles y de igual forma más favorables para el sector privado y el público, como serían los subsidios, microcréditos, etc.
3- Aceptar por parte del estado que su estructura no es capaz de sostener tal diversificación de la actividad económica, retornando las empresas expropiadas a sus anteriores dueños o vendiéndolas a privados; con el objetivo de minimizar su actuación económica sin que esto ocasione un descuido de las políticas sociales.
4- Crear igualmente un ambiente de confianza social, a través del detenimiento al ataque que se realiza mediante toda la infraestructura estatal hacia la disidencia política; logrando así el respeto al pensamiento y ejercicio de oposición que tanto bien hace a la construcción de un modelo de poder equilibrado.
5- Al mismo tiempo y en pro del ambiente de confianza social, es necesaria la despolitización y despartidización de todos los poderes del Estado, esto a través del simple cumplimiento de las leyes constitucionales y el respeto a la diversidad de la ciudadanía.
6- La reconstrucción de la institucionalidad venezolana debe pasar por una revisión de los cargos públicos dentro de la exigencia de la participación de todas las fuerzas políticas en ello, como lo comprende la ley.
7- Es necesario que se proteja el ejercicio libre de los miembros de Poder Judicial, así como de todos los funcionarios públicos, cuyos únicos intereses deben ser los protegidos por la ciudadanía y la ley. Dentro de ello, luchar además contra la impunidad revisando los procesos judiciales a manera de agilizar y sincerar los procesos, en pro de la justicia y confianza de la sociedad.
8- Administrativamente, Venezuela debe adoptar y exigir el cumplimiento de un modelo de planificación que permita la ejecución efectiva de las políticas públicas, haciendo especial énfasis en las labores de control. El rescate del Poder ciudadano y la Contraloría de la República del partidismo, es esencial.
9- Fomentar la descentralización con el objetivo de aumentar la eficiencia de la administración pública e intensificar la participación de los principales afectados en
los problemas que les atañen.
10- Centrar la mayor parte del gasto público en la construcción de una
sociedad que garantice a los ciudadanos un futuro sostenible y colmado de oportunidades de ascenso social y económico, invirtiendo en materia educativa laica, libre, que construya individuos críticos y constructores de ciudadanía.
Siendo estas propuestas muy generales y simples, se consideran aspectos a tomar en cuenta ante cualquier gobierno que intente recuperar Venezuela y llevarla a ser, no sólo un paraíso natural y petrolero si no además, un país donde sus ciudadanos vivan verdaderamente empoderados. 

Referencia:  Portantiero, J. La Múltiple transformación del Estado Latinoamericano. Nueva Sociedad. www.nuso.org/upload/articulos/1817_1.pdf

martes, 8 de abril de 2014

Sobre "La Ola" y su relación con la crisis venezolana

Gracias a la iniciativa de los profesores de mi universidad de realizar un cine-foro donde se me invitó a participar, me detuve a analizar lo que serían mis comentarios sobre una película y su relación con la situación actual Venezolana. La película escogida por los organizadores fue "La Ola", una producción alemana inspirada en un experimento realizado en los años 60 en una secundaria de California; cuando un profesor intentó demostrar a sus alumnos lo fácil que era instaurar un régimen autocrático y los peligros de la autoridad y la obediencia.
Para quienes estén interesados en la naturaleza de estos regímenes y se pregunten cómo es posible que exista gente que los apoye devotamente, ver esta película es casi obligatorio; pudiendo buscar además los documentales referentes a otros experimentos psicológicos relacionados, como fueron los de Milgram y Zimbardo.
En "La Ola", un profesor joven y respetado por sus alumnos, debe impartir involuntariamente un curso sobre la autocracia dentro de una secundaria corriente alemana. Los alumnos se inscriben a lo que parece una aburrida elección frente al curso de anarquía, pues confían en que éste profesor les enseñará de una manera amena y diferente. Una vez iniciadas las clases, la primera discusión del aula se centra en la Alemania Nazi y la culpabilidad histórica que sigue arrastrando la nación; los alumnos han aprendido que aquello es una huella vergonzosa en su historia que no debe ser repetida de ninguna manera; sin embargo se plantea la pregunta de si es posible volver a caer en un gobierno tan terrible como aquel. Aunque los estudiantes responden negativamente alegando que han evolucionado como ciudadanía y aprendido de los errores históricos, el profesor intenta mostrarles a través de un pequeño experimento como un gobierno autocrático puede empezar con los rasgos más inocentes.
A través de lo que parecía un fin correcto (como sería el aprender y aprobar la materia), los alumnos se sumergen en una especie de juego experimental, donde la disciplina y el trabajo en equipo son fundamentos claves. Se comienza por decretar como líder del aula al profesor, y a través de las clases, ir moldeando un movimiento con una base ideológica sencilla pero penetrante, como sería la fuerza de la Unión. Las individualidades quedan de lado cuando el profesor proclama que todos los estudiantes tendrán la misma calificación y por tanto deberán trabajar en equipo para ser mejores, olvidando competir por sus notas personales. Es así como poco a poco va consiguiendo que los estudiantes se compenetren en un grupo donde todos son iguales y obedecen a un líder y una ideología específica, ahora no sólo con el fin de ser buenos si no de hacer bien, a todos, más allá de los límites de la escuela.
Para el análisis psicológico la película es un tesoro, los personajes están llenos de rasgos y matices que ayudan al espectador a reconocer cuáles son las condiciones que hacen posible que las masas sucumban ante un líder o una ideología. Se observa como el poder, en su naturaleza bidimensional, constriñe a unos y otorga facilidades en el hacer de otros, donde al salirse de rumbo, pueden convertirse ambos polos en sus víctimas. Muestran como en el caso particular de la clase, los alumnos más vulnerables son los que terminan siendo más devotos al movimiento, llevándolo a la radicalización que obliga al profesor a caer en cuenta de su embriago de poder y detener el experimento.
Lo cierto es, que ninguna persona está exenta de mostrar una debilidad en algún momento y sucumbir ante quien sepa canalizarlas. Todos somos, por el hecho de ser humanos, capaces de ser enajenados de nuestras individualidades por un líder que consideremos respetable, y cuyos fines consideremos moralmente superiores a nosotros mismos. Todos podemos en algún momento, enamorarnos de las causa que creemos correctas y justificar en ella nuestros errores, sin importar el grado de estos o el daño que causen.
El avasallante liderazgo de Hugo Chávez se construyó a sí mismo al percibir el clamor de un pueblo, un reclamo arraigado en su conciencia colectiva que tenía descompensado el autoestima, la dignidad e identidad de un sector que habiendo sido ignorado por tantos años, ya no se sentía parte. Esto fue identificado a la perfección y aprovechado dentro de un discurso político y la posterior construcción de una ideología, que no solo prometía un cambio a mejor; si no además la construcción de una nueva ciudadanía que por medio del trabajo y los valores resaltados, cambiaría el orden mundial a favor de los más necesitados. Un fin hermoso, que justifica todo; y deja a quienes se le enfrentan como burdos enemigos y egoístas infieles.
Por ello es tan importante, que en una situación como la que vive actualmente Venezuela, se intente con toda voluntad, alejarse de los polos radicales que tácitamente nos alejan de nuestra individualidad y capacidad para ser críticos y autónomos. Es vital entender, que nuestra opinión política no nos define como personas, ni define al que se encuentra en el bando contrario. Me atrevería a decir que en el caso de la oposición, el ejercicio de ver y comprender esta película podría ser un paso y una ayuda para dejar atrás el espejismo de alguna "superioridad" moral o intelectual, que les coloca por encima de aquellos que han sucumbido ante el líder mesiánico y la ideología personalista del chavismo. Porque al final, todos corremos el peligro de ser seducidos por fines últimos mejores, de bondad y amor patrio. De ser seducidos por una ideología de masas que nos promete poder y fuerza, para alcanzar aquello que merecemos. Para el chavismo, una invitación a la comprensión de sí mismos, la separación entre el individuo y la doctrina; y un paso para ambos bandos hacia posiciones más tolerantes.
Es un ejercicio de reflexión y de alerta. Los radicalismos son peligrosos y nos alejan del país próspero y alejado de conflictos que buscamos, y que necesita una construcción inclusiva, donde (por más repetitivo que sea) haya respeto y lugar para todos los sectores. No se trata de la creación de una nueva identidad nacional, se trata de construir un espacio donde todas las identidades puedan convivir y ser debidamente representadas y respetadas; a través de la democracia que conocemos por tradición pero que ha visto su declive y el de sus instituciones. La diversidad y la institucionalidad deben ser el marco. 

IMDB, La Ola (2008): http://www.imdb.com/title/tt1063669/

lunes, 10 de marzo de 2014

El incendio de Maduro

Las protestas parecen haberse “cotidianizado”, parecen haber entrado (por fin) en una estabilidad que permite visualizarlas un poco mejor, sin aquellos cambios drásticos de escenarios que de un día para otro se dieron en su comienzo. El guión está dado. Unos, por un lado, hacen “guarimbas”; lo cual incluye barricadas, quema de cauchos, guallas, clavos, cohetes, carteles y en los casos más extremos bombas artesanales, piedras o cualquier objeto contundente que sirva como arma. Mientras tanto, otros realizan marchas, con o sin rumbo fijo, convocando a distintos grupos de la sociedad civil y otras actividades alternativas para promocionar sus demandas y reclamar apoyo. Y como elemento dramático del guión, estos dos tipos de manifestaciones tienen en común que poseen las mismas posibilidades de ser reprimidas por cualquier grupo de la “represión tripartita” gubernamental. La dictadura es antagonista.
Un antagonista cuyo fuerte siempre fue la relación propagandística con su pueblo, no ha dejado de dar muestras a través de los medios de comunicación de que todas sus energías están concentradas en tildar la protesta de violenta, justificar el “control” de los cuerpos de seguridad y desvincularse de los colectivos armados. Aunque por otra parte, no parece tener voluntad para acabar con la protesta; ya que al reprimir, solo ha sabido darle vida. Queda utilizar la imaginación para elaborar teorías sobre cómo podrían favorecer a este gobierno las movilizaciones, o preferir pensar simplemente que actúa de manera irracional.
Sin embargo, aunque la represión ha sido importante, no ha sido el único motor de las protestas. Un sector de la oposición decepcionado de su líder, decepcionado de los partidos y de las vías electorales luego de la derrota del 14 de abril; encontró como capitalizador de su descontento a los políticos opositores López y Machado con su ambiciosa propuesta. Por otro lado, las protestas espontáneas del estado Táchira ante los episodios de violencia. La atenuada crisis, la escasez, la devaluación y depreciación constante de la moneda. Incluso, me atrevería a agregar el asesinato de la aquella famosa actriz a principio de año, como un despertar ante el grave dominio del hampa. Dos más dos, casi siempre es cuatro.
La pregunta que queda por hacernos es si estas movilizaciones son un “respiro” necesario del sistema social, un evento natural en respuesta a las circunstancias; o fue producido “artificialmente” por el aprovechamiento, de parte de líderes ansiosos por posicionarse ante próximas elecciones, del sentimiento de cierto sector poblacional, quizás minoritario pero importante y ruidoso. ¿Se habrían originado protestas antigubernamentales por todo el país sin el impulso de los políticos? Personalmente no lo creo, de la misma forma que no creo se logre acordar en objetivos alcanzables y tácticas encaminadas a conseguirlos sin unos líderes políticos que vayan más allá de lo simbólico.

Es claro que aunque la protesta ha pasado de ser impulsada por líderes políticos, a ser estudiantil, y de allí a involucrar a representaste de toda la sociedad civil, no involucra a la mayor parte de la población; ni siquiera a la mayor parte de la oposición. Apenas un sector desesperado por la crisis y avivado por la respuesta gubernamental a las protestas intenta mantenerse optimista ante la efectividad del movimiento. Culpa al resto de la población de apáticos, indiferentes; le invita a participar en las protestas y al mismo tiempo le señala y perjudica. Tal parece que la voluntad es sumar, pero no se sabe cómo hacerlo y las acciones solo se dirigen a ocasionar lo contrario. El único que aparentemente está decidido a sumar gente a las protestas es este gobierno, ya que “candelita que se prende...” candelita que aviva a punta de represión. Vamos a ver el incendio.

martes, 4 de marzo de 2014

Del tirapiedrismo al comeflorismo necesario


Dudo mucho que alguna persona en Venezuela haya podido prever como iban a desarrollarse los acontecimientos relativos a lo que comenzó como “La Salida”; un llamado a la calle que parecía más un desesperado relevo del líder que para cierta parte de la población, era demasiado pasivo para ser efectivo. La Salida parecía la excusa perfecta para complacer a este sector “radicaloso” y de paso llenar el vacío de titulares y ruedas de prensa que la calmada oposición, luego de dos derrotas electorales seguidas, había dejado. Leopoldo López junto a María Corina Machado, atendían el llamado del sector más agobiado, cansado y desconfiado del sistema electoral, que demanda desde siempre y más ahora con la intensificación de la crisis, un cambio de sistema rápido sin importar las formas o los costos.
Después de la convocatoria del doce de febrero y esos primeros tres muertos, las circunstancias cambiaron. Los estudiantes fueron los únicos que dieron el paso de tomar las riendas de un movimiento ahora excitado en reacción a la represión y la sangre. Sin aquella respuesta gubernamental, y las muertes posteriores, “La Salida” se habría mantenido como un show pequeño y de mala calidad; pero se empeñaron en hacerlo grande. Otros sectores de la sociedad se sintieron involucrados, y pronto hasta las abuelas hicieron “guarimba”. Sin embargo, el mensaje y la forma de protestar seguía siendo incoherente, desordenada y poco inclusiva.
Por ser crítica a este movimiento muchas veces me enfrenté a otros opositores como yo. Al parecer los males de estos quince años eran culpa de quienes hacían críticas y no de quienes han gobernado insensatamente. Y siempre acabaron preguntado ¿y entonces que hacemos? Como si hubiera alguna receta mágica para salir de las crisis, como si fuera tan absurdamente sencillo, o como si el desespero que poseen les diera licencia para hacer cualquier cosa, resultando negativa o no. Muchas veces fue así, entre el sube y baja del ánimo, muchas consignas restaron e hicieron dar a todos un paso atrás. Sin embargo, llegaron a demostrar varias veces, quienes están en las calles, que poseen voluntad para aprender a hacer una resistencia efectiva, organizarse y remendar los errores. O al menos eso es lo que yo puedo ver. Ojalá sea suficiente esa voluntad para lograrlo.
Se han sacado rasgos positivos de los aspectos más negativos, en otra muestra de lo cambiantes y dinámicos que son los escenarios actuales. Quizás el que no haya una cabeza visible de este movimiento haya sido peligroso en primera instancia y haya generado caos, pero garantizó que el movimiento no se mermara con la captura del “líder simbólico”, quien jamás dio directrices claras. Sin embargo, aun queda por ver si la idiosincracia mesiánica y presidencialista venezolana es capaz de construir una organización efectiva sin ello.
Pero va para adelante, sin más, sin esperar la bajada de Dios a posar sus manos sobre los locos de plaza y los tira piedra/molotov; sin entender que sólo logrará hacer temblar los cimientos de este gobierno con disciplina en la resistencia no violenta, que desenmascare y evidencie aun más sus aspiraciones totalitarias. Si se olvida de lemas como “no al diálogo” y deja de satanizar el “comeflorismo”. La respuesta violenta jamás será efectiva ante un poder militar como el venezolano, y jamás logrará sumar a la mayor parte de la población en la lucha. La violencia es contraria a la razón, y un rechazo al diálogo implica su uso. Una resistencia no violenta, la única viable ahora reconocida la dictadura, sólo es efectiva cuando se suma la mayor parte del pueblo, y eso sólo se logrará a través de demandas inclusivas, pacíficas y democráticas.

¿Quieren que yo les diga que hacer? Olvidemos al General Vivas, al Padre Palmar, al “no al dialogo”, al “Maduro vete ya”. El trabajo es exigir reconocimiento de nuestras exigencias, respeto a nuestros derechos y cese de la violencia.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Discurso para la marcha "Mujeres por la vida"

Discurso escrito para y pronunciado durante la marcha "Mujeres por la vida" del día 26 de febrero en la ciudad de Maracaibo.


Mi nombre es Yiniba Carolina y al igual que Génesis y Geraldine, soy una joven venezolana que cree en un mejor futuro para este país. No es mi intención convertirme en una heroína, ni ser mártir de este movimiento, mi intención es que la gente me escuche. Tampoco creo debería ser la intención de ninguno de ustedes convertirse en próceres o morir por esta patria; sepan, jóvenes apasionados como yo, que nada es más valioso que la vida que ronca en su pecho y nada de lo que podamos lograr es más valioso que una gota de su sangre. Nada podemos hacer para devolver el futuro a Génesis, Geraldine y el resto de los caídos; ni podemos apagar con nuestras palabras el dolor que hoy sienten sus madres. La lucha jamás debe ser entregar nuestras vidas, porque este país no necesita un solo muerto más, ya ha tenido suficientes. Más bien por el contrario, es por nuestras vidas y por el reconocimiento de nuestra dignidad humana que debemos luchar.
Debemos luchar porque nos reconozcan nuestros adversarios, debemos reclamar ante quienes nos gobiernan, nos reconozcan como personas dignas que somos; que nos miren, nos escuchen y nos tomen en cuenta. Debemos exigir el respeto de nuestras opiniones, por muy incómodas que sean. Debemos exigir justicia y la validez de nuestra participación. Debemos exigir el cese de la represión en nuestra contra; porque quien nos insulta, quien nos golpea o nos dispara, no nos reconoce como personas, nos degrada a inferiores, a objetos o meras circunstancias.
Debemos exigir reconocimiento en todos los ámbitos de nuestras vidas, porque del no-reconocimiento surgen los peores crímenes y las peores injusticias. Debemos exigir reconocimiento de nuestros adversarios reconociéndoles también, aunque sea duro, pues sólo es posible salir de la imposición de una visión de mundo sobre otra, a través del encuentro con el otro. Venezuela está urgida de este encuentro y es este la única salida que soy capaz de visualizar ante esta crisis. Está en nosotros elegir si dar o no el primer paso.
Hoy somos las mujeres quienes convocamos, en una muestra de que este clamor de cambio ha alcanzado mayores dimensiones. Las mujeres no somos un grupo homogéneo, estamos en toda la sociedad: somos las estudiantes, las trabajadoras, las madres, las profesionales, las amas de casa, las adultas, las jóvenes; somos la representación de todos los sectores. Pedimos reconocimiento quizás con mayor clamor que el resto de las personas. Pedimos se nos reconozca como igualmente dignas que los hombres porque somos tan valiosas como cualquiera de ellos. No necesitamos “cojones”, ni “bolas”; ni son relevantes nuestros “ovarios” en esta lucha. Nuestra dignidad no se reduce a eso. Si un guardia nos reprime no es porque carezca de “masculinidad” o se haya “afeminado”. Es porque ha elegido estar del lado del opresor aunque esto signifique lastimar a quien no posee la posibilidad de defenderse; o simplemente, porque ha perdido su cualidad de individuo, de reconocerse a sí mismo y a otros, ante el dogma de su líder.
Jamás se avergüencen de ser mujeres o de cualquier aspecto relacionado a serlo, porque las mujeres podemos lograr grandes cosas. Hoy hemos logrados congregarnos aquí y unir nuestras voces en una sola lucha. Hemos abrazado un movimiento que dista mucho de ser perfecto, que ha enfrentado grandes y duros tropiezos, pero que tiene la voluntad de mejorar y reinventarse. Es nuestro deber ahora propiciar el diálogo entre nosotros mismos, y entre nosotros y quienes nos adversan; y hacer de este un movimiento cada vez más incluyente, donde se reconozcan todos los seres y se escuchen todas las voces, para que así el cambio sea posible respetando todas las dignidades.
Jóvenes estudiantes, si hemos decidido tomar el timón de esta lucha, es nuestra decisión conducir este reclamo hacia un espacio donde puedan reflejarse todas las voluntades; donde no se exija silencio a nadie, donde no se exija lealtad absoluta a nadie, si no que se apele al individuo y su libertad; para así poder alcanzar una verdadera salida a esta crisis social que nos ha tocado a todos, sin discriminación política y sin ninguna clemencia.
Sumo mi dolor al de las madres de los caídos.

viernes, 21 de febrero de 2014

La represión tripartita


La racionalidad se fue a donde se fueron las formas democráticas que muy pobremente mantenía este gobierno. Los estudiantes han hecho lo que han podido, y ante la represión, la resultante impotencia los ha llevado a perder la racionalidad que, desde su posición de juvenil rebeldía, son poco capaces de mantener. Fantasean con ser una resistencia efectiva; armada con piedras y bombas artesanales, ante la fuerza bélica que durante años han cultivado las elites militares de este país. Toda resistencia posible puede y va a ser terrible y absurdamente eclipsada.
Con Leopoldo López preso, pocas parecen ser las posibilidades de llegar (por fin) a un movimiento organizado, capaz de evitar y defenderse inteligentemente de la represión tripartita. No basta para este gobierno utilizar a las Fuerzas Armadas Nacionales como una extensión de sus intereses particularísimos; además utiliza a los cuerpos policiales ganados a través de sus fichajes regionales y municipales, para culminar con las burdas acciones perpetuadas por el brazo anárquico de las milicias. Tres fuerzas bajo un mismo mando, contra un grupo de estudiantes armados con su inocente valentía y alguna utilería que en comparación no son más que juguetes, desorientados a niveles indescriptibles.
No creo que Leopoldo López haya sacado estas cuentas al convocar a los estudiantes a la calle. No creo que hubiera sido capaz de prever que toda la fuerza del Estado y su brazo anárquico irían a descargarse en contra de unos carajitos armados con piedras, botellas y algún otro invento. No creo que hubiera visto más allá de su exitoso posicionamiento como líder y símbolo de la resistencia opositora. No lo creo, porque pienso que de haberlo calculado se habría ahorrado este llamamiento.
Ahora los estudiantes y cuantos se han agregado ante la impotencia que genera la terrible represión y las muertes de Da Costa, Montoya, Redman, Mendez y Carmona; no conciben otra respuesta que la de la calle, colocando sus propias vidas y el sufrimiento de sus familias por debajo de lo que significa tener una “Patria” donde gobierne su propio bando; junto a grandiosas y consecuentes aspiraciones de mejoría, progreso, seguridad y futuro. Para los jóvenes Venezolanos que hoy se enfrentan a la represión en las calles, salvar la patria es más valioso que mantener sus vidas (¿y qué? ¿si al final podrían perderlas frente al hampa?).
¿Y cómo no va a ser así? ¿Cómo no van a querer darse enteros a la patria? Si la cultura en la que crecieron se encargó de venderles que no hay héroe más grandioso que Bolívar, y que “los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos”. ¿Cómo los culpo yo, de enaltecer tanto esta causa, si así es como les educaron?

Si es cierto que La Salida ha tenido sus logros. Logró quitarle las máscaras democráticas a este gobierno (aunque era poco lo que quedaba), logró darle espacio a la voz opositora en los medios internacionales, logró que la oposición venezolana catapultara otro líder, quizás más poderoso simbólicamente que el anterior; logró que la comunidad internacional volteara hacia este continente y sus particulares prácticas políticas, logró capitalizar el descontento y crecer en el camino; pero nada, absolutamente nada de lo logrado o lograble a estas alturas, es tan valioso como las vidas que se perdieron.

La democracia va de Salida


La Salida de la semana pasada, convocada por López y Machado, ya parece muy distinta a La Salida de hoy. Todo parecía indicar, por la experiencia del país en este tipo de manifestaciones, que acabaría más temprano que tarde con el desánimo del grupo convocado; otra vez los jóvenes decepcionados ante la indiferencia del gobierno y sin saber que más hacer para ser atendidos. Resulta muy difícil mantener en la calles a un grupo de personas sin organización, sin dirigencia, sin objetivos definidos y con una meta tan lejana, complicada y, si me permiten, “antidemocrática” como la de provocar la renuncia del Presidente Maduro; y sin embargo, La Salida parece, al menos por ahora, que logrará extenderse (más de lo que en un principio logré prever).
Lejos de pensar que las aspiraciones de López y Machado de perfilarse como líderes de un movimiento fructífero se cumplan, lo que ha pasado con La Salida es algo totalmente diferente. Pareciera que el gobierno ha tomado un manual de “cómo evitar una rebelión social” y ha hecho justamente lo contrario. Se han caído las pocas caretas democráticas que quedaban, dando un verdadero motivo, tangible y concreto, para que la gente se mantenga en la calle indefinidamente (y mientras los ánimos lo permitan).
La convocatoria del doce de febrero merecía ser de los estudiantes, por celebrarse el día de la juventud; sin olvidar que habría sido muy diferente sin el empuje que dieron los dirigentes de La Salida, y sus ganas de “salir” del gobierno. Y son buenos para eso, para empujar manifestaciones; es su papel en la política venezolana, pero es evidente que no son los mejores organizando, planificando objetivos y manteniendo el orden pacífico; para ello se necesitan políticos profesionales, cuyo acompañamiento ha sido pobre y lamentable. Si Lopez y Machado quisieran más calle que propaganda, habrían estado allí hasta el final, y con un poco de voluntad, habrían contenido algunos enfrentamientos.
Pero las manifestaciones estudiantiles son así, se salen de control; y esta vez para encontrarse con la insensibilidad de este gobierno, con la anarquía y con las frías balas de la represión. Da Costa, Redman y Montoya con sus muertes y otros tantos con sus heridas y desapariciones; pintaron de rojo las calles, las redes sociales, y las ideas que alcanzaron ante el cerco mediático con que se bajó las máscara este gobierno. Con NTN24 fuera de las cableras, las amenazas a medios impresos y la evidente autocensura televisiva, no hay manera alguna de disfrazar esto de democracia; se cayeron las máscaras.
A pesar de ello, las redes sociales parecen incendiarse a través de las fotos, videos, comentarios, testimonios e interminables convocatorias que se dan desde todos los frentes posibles; el internet tiene más alcance que las piedras y los estudiantes lo saben. Se incendian también las calles, las plazas, las universidades, cada casa donde no llega el hijo, cada mente que se encuentra en incertidumbre ante la desinformación; y el gobierno lejos de tomar el extintor, ha decidido avivar la llama. Una vez más damos muestra de la polarización; de la existencia de dos países en uno, con realidades paralelas. Por un lado, los informados gracias a las redes y a la calle; y los que pasaron la noche del doce viendo la cadena por televisión, imaginando un país sereno detrás de todo ello.

¿Estarán los dirigentes políticos a la altura de esta situación? No lo creo, al menos no por ahora. Me pregunto que pasará por la mente de Lopez y María Corina en este momento. Cierto es, que han logrado el objetivo de colocar sus nombres en la palestra, pero ¿era esto lo que querían? ¿o se les ha salido de control? ¿asumirán la responsabilidad de guiar las próximas manifestaciones? ¿o dejarán “el pelero” a la dirigencia estudiantil?. La tarima está montada y los único decididos a subirse parecen ser, los siempre padecientes, estudiantes.


Artículo escrito el catorce de febrero de 2014 y que refleja las circunstancias de entonces.

La Unidad va de Salida


Tres axiomas culturales logró identificar Robert Merton en la sociedad estadounidense de la primera mitad del siglo XX; el primero “todos deben esforzarse hacia las mismas metas elevadas”, el segundo, “el aparente fracaso del momento no es más que una situación en espera hacia el éxito definitivo”, y el tercero, “el verdadero fracaso está en reducir la ambición o renunciar a ella”; sin embargo todos parecen estar tatuados en la psiquis social venezolana. Prestando especial atención al primer axioma, Merton lo describe desde una perspectiva sociológica como “la desviación de la crítica desde la estructura social hacia uno mismo”; es decir, la sociedad estadounidense de entonces, dentro de su psiquis cultural, consideraba que todos los seres humanos debían tener las mismas ambiciones pues tenían las mismas oportunidades para alcanzarlas; y de no lograrlo, la culpa sería de su “falta de...” (cualquier cosa) pero no de un sistema estatal injusto o ineficiente.
Traigo esto a colación, porque estoy cansada de escuchar que yo como venezolana tengo la “culpa” de toda la crisis; social, económica y política, que vive este país. Lo cierto es, que así como no tengo las mismas facilidades que tuvieron mis padres para independizarme, comprar un carro, una casa u obtener una tarjeta de crédito; no tengo el poder para detener el proceso político que me ha llevado a todo eso. Sin embargo, la oposición venezolana, quizás tratando de consolarse entre tanta derrota electoral, se ha cansado de vociferar que este gobierno sigue en pie porque sus partidarios son “apáticos”, “cómodos” o cualquier otro calificativo que denote irresponsabilidad e ignorancia; olvidando que la dirigencia ha sido de todo menos brillante. Pero los políticos no se equivocan, la culpa es de nosotros.
Y la mejor manera de redimirnos; de dejar de ser la generación que llevó al fracaso a este país y que además no hace nada para salvarlo; es aguantar sol por horas en una plaza, salir a la calle con las manos pintadas o sosteniendo pancartas, sin algo concreto que hacer más que padecer; porque de alguna forma tenemos que pagar el daño que hemos hecho, y lavamos nuestros pecados mientras pagamos. De esto mas o menos se trata “La Salida”.
Existe desde las elecciones de abril (o quizá antes, pero no con tanta representación) cierto sector de la oposición venezolana que, desesperado por salir de esta crisis (desespero que no es para nada cuestionable), pide a cualquiera con ganas de asumir el liderazgo, organice movilizaciones de calle que no siempre están guiadas por un sentimiento puramente democrático. Porque, La Salida suena a golpe ¿o son ideas mías?. María Corina y Leopoldo López han escogido un mal momento y una terrible estrategia para capitalizar el descontento ante la agobiante situación que vivimos día a día, y ante la que Capriles ha decidido mantenerse pasivo.
A pesar de la gran necesidad que tiene el simpatizante opositor de escuchar a su liderazgo vociferar sus consignas, peticiones, y luchar por ellas; la propuesta de Lopez y Machado se quedó en ser un plan para distraer la atención de la tradicional dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática y dirigirla hacia estos dos ambiciosos rostros. Ni Lopez, ni Machado pueden disimular sus ganas de calentar la silla donde hoy se sienta Nicolas Maduro. Lamentablemente, La Salida no parece ser el proceso natural de reemplazo de un líder ya marchito, si no por el contrario; suena más a un esfuerzo por separar a los “tuyos” de los “míos”; donde los tuyos son los “conformistas” “cobardes” que legitiman este gobierno y los míos son los valientes que van a sacarnos a todos de esto.

Entonces La Salida acabará siendo otro intento totalmente desorganizado y sin más ambición que la de obtener popularidad; que lamentablemente acabará por desilusionar (una vez más), a un sector que “ya no aguanta más palo”, y que ante la situación crítica nacional sigue dando brazadas desesperadas que no van a salvarlo de esta marea. Sin un plan estratégico que seguir y un trabajo mancomunado, la salida sigue cerrada para nosotros.


Artículo escrito el día siete de febrero de 2014, reflejando las circunstancias de entonces.