miércoles, 26 de febrero de 2014

Discurso para la marcha "Mujeres por la vida"

Discurso escrito para y pronunciado durante la marcha "Mujeres por la vida" del día 26 de febrero en la ciudad de Maracaibo.


Mi nombre es Yiniba Carolina y al igual que Génesis y Geraldine, soy una joven venezolana que cree en un mejor futuro para este país. No es mi intención convertirme en una heroína, ni ser mártir de este movimiento, mi intención es que la gente me escuche. Tampoco creo debería ser la intención de ninguno de ustedes convertirse en próceres o morir por esta patria; sepan, jóvenes apasionados como yo, que nada es más valioso que la vida que ronca en su pecho y nada de lo que podamos lograr es más valioso que una gota de su sangre. Nada podemos hacer para devolver el futuro a Génesis, Geraldine y el resto de los caídos; ni podemos apagar con nuestras palabras el dolor que hoy sienten sus madres. La lucha jamás debe ser entregar nuestras vidas, porque este país no necesita un solo muerto más, ya ha tenido suficientes. Más bien por el contrario, es por nuestras vidas y por el reconocimiento de nuestra dignidad humana que debemos luchar.
Debemos luchar porque nos reconozcan nuestros adversarios, debemos reclamar ante quienes nos gobiernan, nos reconozcan como personas dignas que somos; que nos miren, nos escuchen y nos tomen en cuenta. Debemos exigir el respeto de nuestras opiniones, por muy incómodas que sean. Debemos exigir justicia y la validez de nuestra participación. Debemos exigir el cese de la represión en nuestra contra; porque quien nos insulta, quien nos golpea o nos dispara, no nos reconoce como personas, nos degrada a inferiores, a objetos o meras circunstancias.
Debemos exigir reconocimiento en todos los ámbitos de nuestras vidas, porque del no-reconocimiento surgen los peores crímenes y las peores injusticias. Debemos exigir reconocimiento de nuestros adversarios reconociéndoles también, aunque sea duro, pues sólo es posible salir de la imposición de una visión de mundo sobre otra, a través del encuentro con el otro. Venezuela está urgida de este encuentro y es este la única salida que soy capaz de visualizar ante esta crisis. Está en nosotros elegir si dar o no el primer paso.
Hoy somos las mujeres quienes convocamos, en una muestra de que este clamor de cambio ha alcanzado mayores dimensiones. Las mujeres no somos un grupo homogéneo, estamos en toda la sociedad: somos las estudiantes, las trabajadoras, las madres, las profesionales, las amas de casa, las adultas, las jóvenes; somos la representación de todos los sectores. Pedimos reconocimiento quizás con mayor clamor que el resto de las personas. Pedimos se nos reconozca como igualmente dignas que los hombres porque somos tan valiosas como cualquiera de ellos. No necesitamos “cojones”, ni “bolas”; ni son relevantes nuestros “ovarios” en esta lucha. Nuestra dignidad no se reduce a eso. Si un guardia nos reprime no es porque carezca de “masculinidad” o se haya “afeminado”. Es porque ha elegido estar del lado del opresor aunque esto signifique lastimar a quien no posee la posibilidad de defenderse; o simplemente, porque ha perdido su cualidad de individuo, de reconocerse a sí mismo y a otros, ante el dogma de su líder.
Jamás se avergüencen de ser mujeres o de cualquier aspecto relacionado a serlo, porque las mujeres podemos lograr grandes cosas. Hoy hemos logrados congregarnos aquí y unir nuestras voces en una sola lucha. Hemos abrazado un movimiento que dista mucho de ser perfecto, que ha enfrentado grandes y duros tropiezos, pero que tiene la voluntad de mejorar y reinventarse. Es nuestro deber ahora propiciar el diálogo entre nosotros mismos, y entre nosotros y quienes nos adversan; y hacer de este un movimiento cada vez más incluyente, donde se reconozcan todos los seres y se escuchen todas las voces, para que así el cambio sea posible respetando todas las dignidades.
Jóvenes estudiantes, si hemos decidido tomar el timón de esta lucha, es nuestra decisión conducir este reclamo hacia un espacio donde puedan reflejarse todas las voluntades; donde no se exija silencio a nadie, donde no se exija lealtad absoluta a nadie, si no que se apele al individuo y su libertad; para así poder alcanzar una verdadera salida a esta crisis social que nos ha tocado a todos, sin discriminación política y sin ninguna clemencia.
Sumo mi dolor al de las madres de los caídos.

viernes, 21 de febrero de 2014

La represión tripartita


La racionalidad se fue a donde se fueron las formas democráticas que muy pobremente mantenía este gobierno. Los estudiantes han hecho lo que han podido, y ante la represión, la resultante impotencia los ha llevado a perder la racionalidad que, desde su posición de juvenil rebeldía, son poco capaces de mantener. Fantasean con ser una resistencia efectiva; armada con piedras y bombas artesanales, ante la fuerza bélica que durante años han cultivado las elites militares de este país. Toda resistencia posible puede y va a ser terrible y absurdamente eclipsada.
Con Leopoldo López preso, pocas parecen ser las posibilidades de llegar (por fin) a un movimiento organizado, capaz de evitar y defenderse inteligentemente de la represión tripartita. No basta para este gobierno utilizar a las Fuerzas Armadas Nacionales como una extensión de sus intereses particularísimos; además utiliza a los cuerpos policiales ganados a través de sus fichajes regionales y municipales, para culminar con las burdas acciones perpetuadas por el brazo anárquico de las milicias. Tres fuerzas bajo un mismo mando, contra un grupo de estudiantes armados con su inocente valentía y alguna utilería que en comparación no son más que juguetes, desorientados a niveles indescriptibles.
No creo que Leopoldo López haya sacado estas cuentas al convocar a los estudiantes a la calle. No creo que hubiera sido capaz de prever que toda la fuerza del Estado y su brazo anárquico irían a descargarse en contra de unos carajitos armados con piedras, botellas y algún otro invento. No creo que hubiera visto más allá de su exitoso posicionamiento como líder y símbolo de la resistencia opositora. No lo creo, porque pienso que de haberlo calculado se habría ahorrado este llamamiento.
Ahora los estudiantes y cuantos se han agregado ante la impotencia que genera la terrible represión y las muertes de Da Costa, Montoya, Redman, Mendez y Carmona; no conciben otra respuesta que la de la calle, colocando sus propias vidas y el sufrimiento de sus familias por debajo de lo que significa tener una “Patria” donde gobierne su propio bando; junto a grandiosas y consecuentes aspiraciones de mejoría, progreso, seguridad y futuro. Para los jóvenes Venezolanos que hoy se enfrentan a la represión en las calles, salvar la patria es más valioso que mantener sus vidas (¿y qué? ¿si al final podrían perderlas frente al hampa?).
¿Y cómo no va a ser así? ¿Cómo no van a querer darse enteros a la patria? Si la cultura en la que crecieron se encargó de venderles que no hay héroe más grandioso que Bolívar, y que “los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos”. ¿Cómo los culpo yo, de enaltecer tanto esta causa, si así es como les educaron?

Si es cierto que La Salida ha tenido sus logros. Logró quitarle las máscaras democráticas a este gobierno (aunque era poco lo que quedaba), logró darle espacio a la voz opositora en los medios internacionales, logró que la oposición venezolana catapultara otro líder, quizás más poderoso simbólicamente que el anterior; logró que la comunidad internacional volteara hacia este continente y sus particulares prácticas políticas, logró capitalizar el descontento y crecer en el camino; pero nada, absolutamente nada de lo logrado o lograble a estas alturas, es tan valioso como las vidas que se perdieron.

La democracia va de Salida


La Salida de la semana pasada, convocada por López y Machado, ya parece muy distinta a La Salida de hoy. Todo parecía indicar, por la experiencia del país en este tipo de manifestaciones, que acabaría más temprano que tarde con el desánimo del grupo convocado; otra vez los jóvenes decepcionados ante la indiferencia del gobierno y sin saber que más hacer para ser atendidos. Resulta muy difícil mantener en la calles a un grupo de personas sin organización, sin dirigencia, sin objetivos definidos y con una meta tan lejana, complicada y, si me permiten, “antidemocrática” como la de provocar la renuncia del Presidente Maduro; y sin embargo, La Salida parece, al menos por ahora, que logrará extenderse (más de lo que en un principio logré prever).
Lejos de pensar que las aspiraciones de López y Machado de perfilarse como líderes de un movimiento fructífero se cumplan, lo que ha pasado con La Salida es algo totalmente diferente. Pareciera que el gobierno ha tomado un manual de “cómo evitar una rebelión social” y ha hecho justamente lo contrario. Se han caído las pocas caretas democráticas que quedaban, dando un verdadero motivo, tangible y concreto, para que la gente se mantenga en la calle indefinidamente (y mientras los ánimos lo permitan).
La convocatoria del doce de febrero merecía ser de los estudiantes, por celebrarse el día de la juventud; sin olvidar que habría sido muy diferente sin el empuje que dieron los dirigentes de La Salida, y sus ganas de “salir” del gobierno. Y son buenos para eso, para empujar manifestaciones; es su papel en la política venezolana, pero es evidente que no son los mejores organizando, planificando objetivos y manteniendo el orden pacífico; para ello se necesitan políticos profesionales, cuyo acompañamiento ha sido pobre y lamentable. Si Lopez y Machado quisieran más calle que propaganda, habrían estado allí hasta el final, y con un poco de voluntad, habrían contenido algunos enfrentamientos.
Pero las manifestaciones estudiantiles son así, se salen de control; y esta vez para encontrarse con la insensibilidad de este gobierno, con la anarquía y con las frías balas de la represión. Da Costa, Redman y Montoya con sus muertes y otros tantos con sus heridas y desapariciones; pintaron de rojo las calles, las redes sociales, y las ideas que alcanzaron ante el cerco mediático con que se bajó las máscara este gobierno. Con NTN24 fuera de las cableras, las amenazas a medios impresos y la evidente autocensura televisiva, no hay manera alguna de disfrazar esto de democracia; se cayeron las máscaras.
A pesar de ello, las redes sociales parecen incendiarse a través de las fotos, videos, comentarios, testimonios e interminables convocatorias que se dan desde todos los frentes posibles; el internet tiene más alcance que las piedras y los estudiantes lo saben. Se incendian también las calles, las plazas, las universidades, cada casa donde no llega el hijo, cada mente que se encuentra en incertidumbre ante la desinformación; y el gobierno lejos de tomar el extintor, ha decidido avivar la llama. Una vez más damos muestra de la polarización; de la existencia de dos países en uno, con realidades paralelas. Por un lado, los informados gracias a las redes y a la calle; y los que pasaron la noche del doce viendo la cadena por televisión, imaginando un país sereno detrás de todo ello.

¿Estarán los dirigentes políticos a la altura de esta situación? No lo creo, al menos no por ahora. Me pregunto que pasará por la mente de Lopez y María Corina en este momento. Cierto es, que han logrado el objetivo de colocar sus nombres en la palestra, pero ¿era esto lo que querían? ¿o se les ha salido de control? ¿asumirán la responsabilidad de guiar las próximas manifestaciones? ¿o dejarán “el pelero” a la dirigencia estudiantil?. La tarima está montada y los único decididos a subirse parecen ser, los siempre padecientes, estudiantes.


Artículo escrito el catorce de febrero de 2014 y que refleja las circunstancias de entonces.

La Unidad va de Salida


Tres axiomas culturales logró identificar Robert Merton en la sociedad estadounidense de la primera mitad del siglo XX; el primero “todos deben esforzarse hacia las mismas metas elevadas”, el segundo, “el aparente fracaso del momento no es más que una situación en espera hacia el éxito definitivo”, y el tercero, “el verdadero fracaso está en reducir la ambición o renunciar a ella”; sin embargo todos parecen estar tatuados en la psiquis social venezolana. Prestando especial atención al primer axioma, Merton lo describe desde una perspectiva sociológica como “la desviación de la crítica desde la estructura social hacia uno mismo”; es decir, la sociedad estadounidense de entonces, dentro de su psiquis cultural, consideraba que todos los seres humanos debían tener las mismas ambiciones pues tenían las mismas oportunidades para alcanzarlas; y de no lograrlo, la culpa sería de su “falta de...” (cualquier cosa) pero no de un sistema estatal injusto o ineficiente.
Traigo esto a colación, porque estoy cansada de escuchar que yo como venezolana tengo la “culpa” de toda la crisis; social, económica y política, que vive este país. Lo cierto es, que así como no tengo las mismas facilidades que tuvieron mis padres para independizarme, comprar un carro, una casa u obtener una tarjeta de crédito; no tengo el poder para detener el proceso político que me ha llevado a todo eso. Sin embargo, la oposición venezolana, quizás tratando de consolarse entre tanta derrota electoral, se ha cansado de vociferar que este gobierno sigue en pie porque sus partidarios son “apáticos”, “cómodos” o cualquier otro calificativo que denote irresponsabilidad e ignorancia; olvidando que la dirigencia ha sido de todo menos brillante. Pero los políticos no se equivocan, la culpa es de nosotros.
Y la mejor manera de redimirnos; de dejar de ser la generación que llevó al fracaso a este país y que además no hace nada para salvarlo; es aguantar sol por horas en una plaza, salir a la calle con las manos pintadas o sosteniendo pancartas, sin algo concreto que hacer más que padecer; porque de alguna forma tenemos que pagar el daño que hemos hecho, y lavamos nuestros pecados mientras pagamos. De esto mas o menos se trata “La Salida”.
Existe desde las elecciones de abril (o quizá antes, pero no con tanta representación) cierto sector de la oposición venezolana que, desesperado por salir de esta crisis (desespero que no es para nada cuestionable), pide a cualquiera con ganas de asumir el liderazgo, organice movilizaciones de calle que no siempre están guiadas por un sentimiento puramente democrático. Porque, La Salida suena a golpe ¿o son ideas mías?. María Corina y Leopoldo López han escogido un mal momento y una terrible estrategia para capitalizar el descontento ante la agobiante situación que vivimos día a día, y ante la que Capriles ha decidido mantenerse pasivo.
A pesar de la gran necesidad que tiene el simpatizante opositor de escuchar a su liderazgo vociferar sus consignas, peticiones, y luchar por ellas; la propuesta de Lopez y Machado se quedó en ser un plan para distraer la atención de la tradicional dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática y dirigirla hacia estos dos ambiciosos rostros. Ni Lopez, ni Machado pueden disimular sus ganas de calentar la silla donde hoy se sienta Nicolas Maduro. Lamentablemente, La Salida no parece ser el proceso natural de reemplazo de un líder ya marchito, si no por el contrario; suena más a un esfuerzo por separar a los “tuyos” de los “míos”; donde los tuyos son los “conformistas” “cobardes” que legitiman este gobierno y los míos son los valientes que van a sacarnos a todos de esto.

Entonces La Salida acabará siendo otro intento totalmente desorganizado y sin más ambición que la de obtener popularidad; que lamentablemente acabará por desilusionar (una vez más), a un sector que “ya no aguanta más palo”, y que ante la situación crítica nacional sigue dando brazadas desesperadas que no van a salvarlo de esta marea. Sin un plan estratégico que seguir y un trabajo mancomunado, la salida sigue cerrada para nosotros.


Artículo escrito el día siete de febrero de 2014, reflejando las circunstancias de entonces.