lunes, 10 de marzo de 2014

El incendio de Maduro

Las protestas parecen haberse “cotidianizado”, parecen haber entrado (por fin) en una estabilidad que permite visualizarlas un poco mejor, sin aquellos cambios drásticos de escenarios que de un día para otro se dieron en su comienzo. El guión está dado. Unos, por un lado, hacen “guarimbas”; lo cual incluye barricadas, quema de cauchos, guallas, clavos, cohetes, carteles y en los casos más extremos bombas artesanales, piedras o cualquier objeto contundente que sirva como arma. Mientras tanto, otros realizan marchas, con o sin rumbo fijo, convocando a distintos grupos de la sociedad civil y otras actividades alternativas para promocionar sus demandas y reclamar apoyo. Y como elemento dramático del guión, estos dos tipos de manifestaciones tienen en común que poseen las mismas posibilidades de ser reprimidas por cualquier grupo de la “represión tripartita” gubernamental. La dictadura es antagonista.
Un antagonista cuyo fuerte siempre fue la relación propagandística con su pueblo, no ha dejado de dar muestras a través de los medios de comunicación de que todas sus energías están concentradas en tildar la protesta de violenta, justificar el “control” de los cuerpos de seguridad y desvincularse de los colectivos armados. Aunque por otra parte, no parece tener voluntad para acabar con la protesta; ya que al reprimir, solo ha sabido darle vida. Queda utilizar la imaginación para elaborar teorías sobre cómo podrían favorecer a este gobierno las movilizaciones, o preferir pensar simplemente que actúa de manera irracional.
Sin embargo, aunque la represión ha sido importante, no ha sido el único motor de las protestas. Un sector de la oposición decepcionado de su líder, decepcionado de los partidos y de las vías electorales luego de la derrota del 14 de abril; encontró como capitalizador de su descontento a los políticos opositores López y Machado con su ambiciosa propuesta. Por otro lado, las protestas espontáneas del estado Táchira ante los episodios de violencia. La atenuada crisis, la escasez, la devaluación y depreciación constante de la moneda. Incluso, me atrevería a agregar el asesinato de la aquella famosa actriz a principio de año, como un despertar ante el grave dominio del hampa. Dos más dos, casi siempre es cuatro.
La pregunta que queda por hacernos es si estas movilizaciones son un “respiro” necesario del sistema social, un evento natural en respuesta a las circunstancias; o fue producido “artificialmente” por el aprovechamiento, de parte de líderes ansiosos por posicionarse ante próximas elecciones, del sentimiento de cierto sector poblacional, quizás minoritario pero importante y ruidoso. ¿Se habrían originado protestas antigubernamentales por todo el país sin el impulso de los políticos? Personalmente no lo creo, de la misma forma que no creo se logre acordar en objetivos alcanzables y tácticas encaminadas a conseguirlos sin unos líderes políticos que vayan más allá de lo simbólico.

Es claro que aunque la protesta ha pasado de ser impulsada por líderes políticos, a ser estudiantil, y de allí a involucrar a representaste de toda la sociedad civil, no involucra a la mayor parte de la población; ni siquiera a la mayor parte de la oposición. Apenas un sector desesperado por la crisis y avivado por la respuesta gubernamental a las protestas intenta mantenerse optimista ante la efectividad del movimiento. Culpa al resto de la población de apáticos, indiferentes; le invita a participar en las protestas y al mismo tiempo le señala y perjudica. Tal parece que la voluntad es sumar, pero no se sabe cómo hacerlo y las acciones solo se dirigen a ocasionar lo contrario. El único que aparentemente está decidido a sumar gente a las protestas es este gobierno, ya que “candelita que se prende...” candelita que aviva a punta de represión. Vamos a ver el incendio.

martes, 4 de marzo de 2014

Del tirapiedrismo al comeflorismo necesario


Dudo mucho que alguna persona en Venezuela haya podido prever como iban a desarrollarse los acontecimientos relativos a lo que comenzó como “La Salida”; un llamado a la calle que parecía más un desesperado relevo del líder que para cierta parte de la población, era demasiado pasivo para ser efectivo. La Salida parecía la excusa perfecta para complacer a este sector “radicaloso” y de paso llenar el vacío de titulares y ruedas de prensa que la calmada oposición, luego de dos derrotas electorales seguidas, había dejado. Leopoldo López junto a María Corina Machado, atendían el llamado del sector más agobiado, cansado y desconfiado del sistema electoral, que demanda desde siempre y más ahora con la intensificación de la crisis, un cambio de sistema rápido sin importar las formas o los costos.
Después de la convocatoria del doce de febrero y esos primeros tres muertos, las circunstancias cambiaron. Los estudiantes fueron los únicos que dieron el paso de tomar las riendas de un movimiento ahora excitado en reacción a la represión y la sangre. Sin aquella respuesta gubernamental, y las muertes posteriores, “La Salida” se habría mantenido como un show pequeño y de mala calidad; pero se empeñaron en hacerlo grande. Otros sectores de la sociedad se sintieron involucrados, y pronto hasta las abuelas hicieron “guarimba”. Sin embargo, el mensaje y la forma de protestar seguía siendo incoherente, desordenada y poco inclusiva.
Por ser crítica a este movimiento muchas veces me enfrenté a otros opositores como yo. Al parecer los males de estos quince años eran culpa de quienes hacían críticas y no de quienes han gobernado insensatamente. Y siempre acabaron preguntado ¿y entonces que hacemos? Como si hubiera alguna receta mágica para salir de las crisis, como si fuera tan absurdamente sencillo, o como si el desespero que poseen les diera licencia para hacer cualquier cosa, resultando negativa o no. Muchas veces fue así, entre el sube y baja del ánimo, muchas consignas restaron e hicieron dar a todos un paso atrás. Sin embargo, llegaron a demostrar varias veces, quienes están en las calles, que poseen voluntad para aprender a hacer una resistencia efectiva, organizarse y remendar los errores. O al menos eso es lo que yo puedo ver. Ojalá sea suficiente esa voluntad para lograrlo.
Se han sacado rasgos positivos de los aspectos más negativos, en otra muestra de lo cambiantes y dinámicos que son los escenarios actuales. Quizás el que no haya una cabeza visible de este movimiento haya sido peligroso en primera instancia y haya generado caos, pero garantizó que el movimiento no se mermara con la captura del “líder simbólico”, quien jamás dio directrices claras. Sin embargo, aun queda por ver si la idiosincracia mesiánica y presidencialista venezolana es capaz de construir una organización efectiva sin ello.
Pero va para adelante, sin más, sin esperar la bajada de Dios a posar sus manos sobre los locos de plaza y los tira piedra/molotov; sin entender que sólo logrará hacer temblar los cimientos de este gobierno con disciplina en la resistencia no violenta, que desenmascare y evidencie aun más sus aspiraciones totalitarias. Si se olvida de lemas como “no al diálogo” y deja de satanizar el “comeflorismo”. La respuesta violenta jamás será efectiva ante un poder militar como el venezolano, y jamás logrará sumar a la mayor parte de la población en la lucha. La violencia es contraria a la razón, y un rechazo al diálogo implica su uso. Una resistencia no violenta, la única viable ahora reconocida la dictadura, sólo es efectiva cuando se suma la mayor parte del pueblo, y eso sólo se logrará a través de demandas inclusivas, pacíficas y democráticas.

¿Quieren que yo les diga que hacer? Olvidemos al General Vivas, al Padre Palmar, al “no al dialogo”, al “Maduro vete ya”. El trabajo es exigir reconocimiento de nuestras exigencias, respeto a nuestros derechos y cese de la violencia.