Tres axiomas culturales logró identificar Robert Merton en la sociedad estadounidense de la primera mitad del siglo XX; el primero “todos deben esforzarse hacia las mismas metas elevadas”, el segundo, “el aparente fracaso del momento no es más que una situación en espera hacia el éxito definitivo”, y el tercero, “el verdadero fracaso está en reducir la ambición o renunciar a ella”; sin embargo todos parecen estar tatuados en la psiquis social venezolana. Prestando especial atención al primer axioma, Merton lo describe desde una perspectiva sociológica como “la desviación de la crítica desde la estructura social hacia uno mismo”; es decir, la sociedad estadounidense de entonces, dentro de su psiquis cultural, consideraba que todos los seres humanos debían tener las mismas ambiciones pues tenían las mismas oportunidades para alcanzarlas; y de no lograrlo, la culpa sería de su “falta de...” (cualquier cosa) pero no de un sistema estatal injusto o ineficiente.
Traigo
esto a colación, porque estoy cansada de escuchar que yo como
venezolana tengo la “culpa” de toda la crisis; social, económica
y política, que vive este país. Lo cierto es, que así como no
tengo las mismas facilidades que tuvieron mis padres para
independizarme, comprar un carro, una casa u obtener una tarjeta de
crédito; no tengo el poder para detener el proceso político que me
ha llevado a todo eso. Sin embargo, la oposición venezolana, quizás
tratando de consolarse entre tanta derrota electoral, se ha cansado
de vociferar que este gobierno sigue en pie porque sus partidarios
son “apáticos”, “cómodos” o cualquier otro calificativo que
denote irresponsabilidad e ignorancia; olvidando que la dirigencia ha
sido de todo menos brillante. Pero los políticos no se equivocan, la
culpa es de nosotros.
Y
la mejor manera de redimirnos; de dejar de ser la generación que
llevó al fracaso a este país y que además no hace nada para
salvarlo; es aguantar sol por horas en una plaza, salir a la calle
con las manos pintadas o sosteniendo pancartas, sin algo concreto que
hacer más que padecer; porque de alguna forma tenemos que pagar el
daño que hemos hecho, y lavamos nuestros pecados mientras pagamos.
De esto mas o menos se trata “La Salida”.
Existe
desde las elecciones de abril (o quizá antes, pero no con tanta
representación) cierto sector de la oposición venezolana que,
desesperado por salir de esta crisis (desespero que no es para nada
cuestionable), pide a cualquiera con ganas de asumir el liderazgo,
organice movilizaciones de calle que no siempre están guiadas por un
sentimiento puramente democrático. Porque, La Salida suena a golpe
¿o son ideas mías?. María Corina y Leopoldo López han escogido un
mal momento y una terrible estrategia para capitalizar el descontento
ante la agobiante situación que vivimos día a día, y ante la que
Capriles ha decidido mantenerse pasivo.
A
pesar de la gran necesidad que tiene el simpatizante opositor de
escuchar a su liderazgo vociferar sus consignas, peticiones, y luchar
por ellas; la propuesta de Lopez y Machado se quedó en ser un plan
para distraer la atención de la tradicional dirigencia de la Mesa de
la Unidad Democrática y dirigirla hacia estos dos ambiciosos
rostros. Ni Lopez, ni Machado pueden disimular sus ganas de calentar
la silla donde hoy se sienta Nicolas Maduro. Lamentablemente, La
Salida no parece ser el proceso natural de reemplazo de un líder ya
marchito, si no por el contrario; suena más a un esfuerzo por
separar a los “tuyos” de los “míos”; donde los tuyos son los
“conformistas” “cobardes” que legitiman este gobierno y los
míos son los valientes que van a sacarnos a todos de esto.
Entonces
La Salida acabará siendo otro intento totalmente desorganizado y sin
más ambición que la de obtener popularidad; que lamentablemente
acabará por desilusionar (una vez más), a un sector que “ya no
aguanta más palo”, y que ante la situación crítica nacional
sigue dando brazadas desesperadas que no van a salvarlo de esta
marea. Sin un plan estratégico que seguir y un trabajo mancomunado,
la salida sigue cerrada para nosotros.
Artículo escrito el día siete de febrero de 2014, reflejando las circunstancias de entonces.
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