viernes, 21 de febrero de 2014

La Unidad va de Salida


Tres axiomas culturales logró identificar Robert Merton en la sociedad estadounidense de la primera mitad del siglo XX; el primero “todos deben esforzarse hacia las mismas metas elevadas”, el segundo, “el aparente fracaso del momento no es más que una situación en espera hacia el éxito definitivo”, y el tercero, “el verdadero fracaso está en reducir la ambición o renunciar a ella”; sin embargo todos parecen estar tatuados en la psiquis social venezolana. Prestando especial atención al primer axioma, Merton lo describe desde una perspectiva sociológica como “la desviación de la crítica desde la estructura social hacia uno mismo”; es decir, la sociedad estadounidense de entonces, dentro de su psiquis cultural, consideraba que todos los seres humanos debían tener las mismas ambiciones pues tenían las mismas oportunidades para alcanzarlas; y de no lograrlo, la culpa sería de su “falta de...” (cualquier cosa) pero no de un sistema estatal injusto o ineficiente.
Traigo esto a colación, porque estoy cansada de escuchar que yo como venezolana tengo la “culpa” de toda la crisis; social, económica y política, que vive este país. Lo cierto es, que así como no tengo las mismas facilidades que tuvieron mis padres para independizarme, comprar un carro, una casa u obtener una tarjeta de crédito; no tengo el poder para detener el proceso político que me ha llevado a todo eso. Sin embargo, la oposición venezolana, quizás tratando de consolarse entre tanta derrota electoral, se ha cansado de vociferar que este gobierno sigue en pie porque sus partidarios son “apáticos”, “cómodos” o cualquier otro calificativo que denote irresponsabilidad e ignorancia; olvidando que la dirigencia ha sido de todo menos brillante. Pero los políticos no se equivocan, la culpa es de nosotros.
Y la mejor manera de redimirnos; de dejar de ser la generación que llevó al fracaso a este país y que además no hace nada para salvarlo; es aguantar sol por horas en una plaza, salir a la calle con las manos pintadas o sosteniendo pancartas, sin algo concreto que hacer más que padecer; porque de alguna forma tenemos que pagar el daño que hemos hecho, y lavamos nuestros pecados mientras pagamos. De esto mas o menos se trata “La Salida”.
Existe desde las elecciones de abril (o quizá antes, pero no con tanta representación) cierto sector de la oposición venezolana que, desesperado por salir de esta crisis (desespero que no es para nada cuestionable), pide a cualquiera con ganas de asumir el liderazgo, organice movilizaciones de calle que no siempre están guiadas por un sentimiento puramente democrático. Porque, La Salida suena a golpe ¿o son ideas mías?. María Corina y Leopoldo López han escogido un mal momento y una terrible estrategia para capitalizar el descontento ante la agobiante situación que vivimos día a día, y ante la que Capriles ha decidido mantenerse pasivo.
A pesar de la gran necesidad que tiene el simpatizante opositor de escuchar a su liderazgo vociferar sus consignas, peticiones, y luchar por ellas; la propuesta de Lopez y Machado se quedó en ser un plan para distraer la atención de la tradicional dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática y dirigirla hacia estos dos ambiciosos rostros. Ni Lopez, ni Machado pueden disimular sus ganas de calentar la silla donde hoy se sienta Nicolas Maduro. Lamentablemente, La Salida no parece ser el proceso natural de reemplazo de un líder ya marchito, si no por el contrario; suena más a un esfuerzo por separar a los “tuyos” de los “míos”; donde los tuyos son los “conformistas” “cobardes” que legitiman este gobierno y los míos son los valientes que van a sacarnos a todos de esto.

Entonces La Salida acabará siendo otro intento totalmente desorganizado y sin más ambición que la de obtener popularidad; que lamentablemente acabará por desilusionar (una vez más), a un sector que “ya no aguanta más palo”, y que ante la situación crítica nacional sigue dando brazadas desesperadas que no van a salvarlo de esta marea. Sin un plan estratégico que seguir y un trabajo mancomunado, la salida sigue cerrada para nosotros.


Artículo escrito el día siete de febrero de 2014, reflejando las circunstancias de entonces.

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