martes, 8 de abril de 2014

Sobre "La Ola" y su relación con la crisis venezolana

Gracias a la iniciativa de los profesores de mi universidad de realizar un cine-foro donde se me invitó a participar, me detuve a analizar lo que serían mis comentarios sobre una película y su relación con la situación actual Venezolana. La película escogida por los organizadores fue "La Ola", una producción alemana inspirada en un experimento realizado en los años 60 en una secundaria de California; cuando un profesor intentó demostrar a sus alumnos lo fácil que era instaurar un régimen autocrático y los peligros de la autoridad y la obediencia.
Para quienes estén interesados en la naturaleza de estos regímenes y se pregunten cómo es posible que exista gente que los apoye devotamente, ver esta película es casi obligatorio; pudiendo buscar además los documentales referentes a otros experimentos psicológicos relacionados, como fueron los de Milgram y Zimbardo.
En "La Ola", un profesor joven y respetado por sus alumnos, debe impartir involuntariamente un curso sobre la autocracia dentro de una secundaria corriente alemana. Los alumnos se inscriben a lo que parece una aburrida elección frente al curso de anarquía, pues confían en que éste profesor les enseñará de una manera amena y diferente. Una vez iniciadas las clases, la primera discusión del aula se centra en la Alemania Nazi y la culpabilidad histórica que sigue arrastrando la nación; los alumnos han aprendido que aquello es una huella vergonzosa en su historia que no debe ser repetida de ninguna manera; sin embargo se plantea la pregunta de si es posible volver a caer en un gobierno tan terrible como aquel. Aunque los estudiantes responden negativamente alegando que han evolucionado como ciudadanía y aprendido de los errores históricos, el profesor intenta mostrarles a través de un pequeño experimento como un gobierno autocrático puede empezar con los rasgos más inocentes.
A través de lo que parecía un fin correcto (como sería el aprender y aprobar la materia), los alumnos se sumergen en una especie de juego experimental, donde la disciplina y el trabajo en equipo son fundamentos claves. Se comienza por decretar como líder del aula al profesor, y a través de las clases, ir moldeando un movimiento con una base ideológica sencilla pero penetrante, como sería la fuerza de la Unión. Las individualidades quedan de lado cuando el profesor proclama que todos los estudiantes tendrán la misma calificación y por tanto deberán trabajar en equipo para ser mejores, olvidando competir por sus notas personales. Es así como poco a poco va consiguiendo que los estudiantes se compenetren en un grupo donde todos son iguales y obedecen a un líder y una ideología específica, ahora no sólo con el fin de ser buenos si no de hacer bien, a todos, más allá de los límites de la escuela.
Para el análisis psicológico la película es un tesoro, los personajes están llenos de rasgos y matices que ayudan al espectador a reconocer cuáles son las condiciones que hacen posible que las masas sucumban ante un líder o una ideología. Se observa como el poder, en su naturaleza bidimensional, constriñe a unos y otorga facilidades en el hacer de otros, donde al salirse de rumbo, pueden convertirse ambos polos en sus víctimas. Muestran como en el caso particular de la clase, los alumnos más vulnerables son los que terminan siendo más devotos al movimiento, llevándolo a la radicalización que obliga al profesor a caer en cuenta de su embriago de poder y detener el experimento.
Lo cierto es, que ninguna persona está exenta de mostrar una debilidad en algún momento y sucumbir ante quien sepa canalizarlas. Todos somos, por el hecho de ser humanos, capaces de ser enajenados de nuestras individualidades por un líder que consideremos respetable, y cuyos fines consideremos moralmente superiores a nosotros mismos. Todos podemos en algún momento, enamorarnos de las causa que creemos correctas y justificar en ella nuestros errores, sin importar el grado de estos o el daño que causen.
El avasallante liderazgo de Hugo Chávez se construyó a sí mismo al percibir el clamor de un pueblo, un reclamo arraigado en su conciencia colectiva que tenía descompensado el autoestima, la dignidad e identidad de un sector que habiendo sido ignorado por tantos años, ya no se sentía parte. Esto fue identificado a la perfección y aprovechado dentro de un discurso político y la posterior construcción de una ideología, que no solo prometía un cambio a mejor; si no además la construcción de una nueva ciudadanía que por medio del trabajo y los valores resaltados, cambiaría el orden mundial a favor de los más necesitados. Un fin hermoso, que justifica todo; y deja a quienes se le enfrentan como burdos enemigos y egoístas infieles.
Por ello es tan importante, que en una situación como la que vive actualmente Venezuela, se intente con toda voluntad, alejarse de los polos radicales que tácitamente nos alejan de nuestra individualidad y capacidad para ser críticos y autónomos. Es vital entender, que nuestra opinión política no nos define como personas, ni define al que se encuentra en el bando contrario. Me atrevería a decir que en el caso de la oposición, el ejercicio de ver y comprender esta película podría ser un paso y una ayuda para dejar atrás el espejismo de alguna "superioridad" moral o intelectual, que les coloca por encima de aquellos que han sucumbido ante el líder mesiánico y la ideología personalista del chavismo. Porque al final, todos corremos el peligro de ser seducidos por fines últimos mejores, de bondad y amor patrio. De ser seducidos por una ideología de masas que nos promete poder y fuerza, para alcanzar aquello que merecemos. Para el chavismo, una invitación a la comprensión de sí mismos, la separación entre el individuo y la doctrina; y un paso para ambos bandos hacia posiciones más tolerantes.
Es un ejercicio de reflexión y de alerta. Los radicalismos son peligrosos y nos alejan del país próspero y alejado de conflictos que buscamos, y que necesita una construcción inclusiva, donde (por más repetitivo que sea) haya respeto y lugar para todos los sectores. No se trata de la creación de una nueva identidad nacional, se trata de construir un espacio donde todas las identidades puedan convivir y ser debidamente representadas y respetadas; a través de la democracia que conocemos por tradición pero que ha visto su declive y el de sus instituciones. La diversidad y la institucionalidad deben ser el marco. 

IMDB, La Ola (2008): http://www.imdb.com/title/tt1063669/

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