Mi afortunada casualidad de hoy fue encontrarme con una larguísima cola en las taquillas de pago de la universidad, con poca señal en el teléfono y unos encapuchados haciendo detonaciones afuera. Sin embargo, fue afortunada, pues pude escuchar una conversación a la que no fui invitada pero que agradecí, pues me confirmó descaradamente cosas que ya tenia tiempo pensando.
Todos hacíamos cola muy juntos para evitar que se nos adelantaran, y estos tres jóvenes, a pesar de estar hablando sobre asuntos que yo no debí haber escuchado, hicieron lo mismo. Hablaron prácticamente encima de mi, y yo rápidamente me di cuenta que eran tres típicos guarimberos. O quizá dos y medio, pues toda la conversación giró entorno a convencer a uno de ellos de unirse a la guarimba que se estaba dando en las puertas de la universidad.
Dos típicos guarimberos y medio hablaron entonces, de las ganas que tenían de salir a "guerrear", como quien habla de ir a una fiesta.
-"Vamos papi, pa' recordar viejos tiempos"
refiriéndose melancólicamente a la época en que cerraron la universidad por unos cuantos días, atrasando el cronograma y afectando a miles.
-"Hay unos conocidos mios afuera... ¿te vas a quedar?"
decía el más envalentonao, que hablaba como si tuviera la zona controlada, estuviera protegido y supiera perfectamente lo que hace y lo que no hace.
-"no puedo chamo, tengo que ir pa' (...)"-
-"¿que vai' a hacer pa' alla? ¿a estudiar? ¿pa que vai' a estudiar?
Como si estudiar no sirviera de nada, como si el único propósito del estudiante fuera trancar avenidas.
El "medio gurimbero" hablaba de lo vulnerables que serían si salían a "guerrear", a cualquier posible ataque de la guardia nacional, pues eran muy pocos los que estaban afuera. Necesitaban más gente. A ello, el guarimbero más insistente respondió con seguridad que aunque fueran pocos, tenían dos morteros preparados para aguantar por un tiempo prudente cualquier ataque.
-"papi, tenei' que ver, ese juguete es una verga"
Sin embargo, el medio guarimbero no se convencía.
-"En urbe había más gente chamo, y no nos agarraron, agarraron fue a puros estudiantes que estaban afuera." (y ríe descarado)
Esto
lo dice el tercer guarimbero, convencido de salir pero menos
insistente, intentando tranquilizar el posible miedo del "medio
guarimbero". Me da curiosidad que hablen de "estudiantes" como si ellos
no lo fueran, aunque me consta que lo eran.
-"calmate que vai' a salir liso. Ahí te agarran y vos lo que tenei' es que no decir nada. No vai' a
-"calmate que vai' a salir liso. Ahí te agarran y vos lo que tenei' es que no decir nada. No vai' a
dar nombres. ¿te imaginai'? "ese fue (...), ese fue (...). "Aguantai' rolo que esa verga no
duele". "Además acordate que esos se tardan, ahorita apenas se deben estar poniendo el
uniforme"
-"Relajáte loco, tenei' que estar relajao"
-"yo estoy sano chamo, conmigo nunca se han metido" "estaría relajado si estuviera afuera"
Como si salir a "guarimbear" fuera más a satisfacción personal que a la consecución de cualquier fin.
Y así me lo confirman. El guarimbero típico es un muchacho malcriado que necesita atención. El mismito que sabotea la clase, el que le tira el borrador a la maestra, el que fuma marihuana en el estacionamiento de la universidad, el que si asiste es a calentar la silla y a joder. Y les ha caído buenísimo, ahora pueden escudarse y ser llamados "héroes de la patria", ahora pueden decir que lo hacen por Venezuela cuando en realidad lo que expresan es rebeldía por pura rebeldía.
Pero lo peor, es que dentro de todo eso son niños. Son niños que se comen el cuento. Niños que se ríen de la exitación mientras explotan morteros, queman camiones o corren para huir de la guardia. Dejan correr la adictiva adrenalina en su derroche de juventud e histeria. Asisten a la universidad con los zapatos que mejor corren y dos franelas para encapucharse o despistar. Creen que es un juego que no pueden perder y en el que tampoco pueden ser lastimados. Habrá alguno que otro adulto quizá, aprovechando a los niños para perfilarse políticamente o para cumplir con los lineamientos de alguna organización, pero son los niños los que terminan siendo carne de cañón.
Espero, de verdad, que algún día estos niños maduren, que sus madres les peguen cuatro gritos y los despierten de la inconsciencia para que la menor cantidad posible de ellos salgan lastimados.
De la comunidad universitaria, afectadísima, sólo merecen reproches.
Demás está jurar que todo lo que escribo fue ciertamente escuchado por mi, hoy 20 de febrero, alrededor de las 11:30 de la mañana, en la taquilla para pagar la URU (Universidad Rafael Urdaneta). Además, escuché los nombres de varios de ellos que podría denunciar pero prefiero no hacerlo. Estoy casi segura que las autoridades universitarias también saben quienes son pero sabiamente han preferido tratar el tema diplomáticamente. Destaco que son tan niños que hablaron sin cuidado, temas incluso que omito por no estar segura de a qué exactamente se referían. Me avergüenzo en ocasiones de que esa sea la juventud que nos representa. Mis disculpas a los ofendidos.
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